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domingo, 4 de julio de 2010

LAS ÚLTIMAS PALABRAS DE DON MANUEL BELGRANO

Del Instituto Belgraniano Tucuman :
Ya señalamos que las últimas palabras de Belgrano no fueron "Ay, Patria mía". En realidad, el último registro lúcido de expresiones fue dirigéndose a su amigo Manuel A. Castro, que lo visitaba en su lecho: "Pensaba en la eternidad a donde voy, y en la tierra querida que dejo. Espero que los buenos ciudadanos trabajarán para remediar sus desgracias."

domingo, 31 de enero de 2010

ESTUDIO GRAFOLÓGICO DEL GRAL SAN MARTIN

El 11 de noviembre de 2005 la Asociación Cultural Sanmartiniana de Quilmes realizó la 21º REVISTA ORAL - LA VOZ DE LA HISTORIA. En la ocasión la disertante fue la grafóloga Prof. Amelia Torres Courtade y su exposición, grabada por el director de este blog, fue:


"ESTUDIO GRAFOLÓGICO DEL TESTAMENTO DEL 
GRAL. DON JOSÉ DE SAN MARTÍN"

Hay una frase de San Martín que todos Uds. conocen: “Serás lo que hay que ser, sino no eres nada”. Un imperativo sanmartiniano que es un imperativo moral y cultural. Ser lo que hay que ser, en toda actividad que nos propongamos, desde la más pequeña hasta la más inmensa.
Como es mi costumbre expreso mi respeto absoluto ante un ser que no me ha autorizado a efectuar el estudio de su personalidad.
Este manuscrito es el testamento del Gral. José Francisco de San Martín, efectuado en París, Francia, el 23 de enero de 1844 a los 66 años de edad. Recordemos que falleció el 17 de agosto de 1850 a los 72 años. Es importante situar la edad en que es efectuado un escrito para realizar un estudio grafológico. Existen rasgos característicos en nuestra letra que nos acompañan toda la vida. Al efectuar una escritura queda plasmada la personalidad de su autor.

El Gral. José Francisco de San Martín está conciente del declinar de su estado de salud, pero su ánimo y voluntad están estables. Físicamente padece afecciones estomacales que le provocan fuerte agotamiento, también se evidencia gestos de sufrimiento en la motricidad debido a su edad.
Si bien poseía prestigiosos cargos sociales y militares, firma con su nombre de pila y su apellido, sin hacer gala ni destacar su jerarquía indicando modestia, filosofía y ética.
Busca equilibrio entre lo pasado, el presente y en el futuro. Disciplinado y coherente en su pensamiento y comportamiento; sus acciones están basadas en una norma de conducta autoimpuesta. Se censura a sí mismo. Su voluntad está dirigida por la mente; con objetividad y criterio, es complejo, objetivo, realista, se sitúa en el aquí y ahora; cualidad de observación con razonamiento y pensamiento lógico que guía la imaginación. Predomina la actividad conciente, comprensión espontánea de rápida asimilación, inteligencia clara, metódica y analítica. Razonamiento, vertical de prácticas, ideas y conceptos. Capacidad para la teoría y la síntesis, facilidad expresiva, potabilidad para exponer lo esencial sin preocuparse de trivialidades.
Una vez analizado los pro y contra toma su decisión. Tenaz y consecuente en sus ideas y posiciones, le cuesta abandonar lo comenzado, se caracteriza por su persistencia, empeño, constancia en los objetivos. Tendencia a la imposición con resistencia a ceder ante las controversias, obstáculos o dificultades.
Es una persona culta, interesada en el arte, la literatura y la música. Posee afán de superarse y adquirir más conocimientos, como así también, anhela defender valores espirituales y religiosos. Fija preferentemente la atención a los aspectos formales de la vida y de las circunstancias.
Respetuoso de las leyes y las normas sociales y profesionales; a deberes y obligaciones de todo tipo. Se adapta bien a las disciplinas y métodos de trabajo.
Desea organizar y adaptar los sucesos a su mundo interior. Actitud para prever y planificar correctamente su labor con rendimiento, respetando la puntualidad. La intuición le permite penetrar en la profundidad de las situaciones.
Posee actitud moderada en sus funciones cognitivas y de percepción. Facultado en la memoria, el aprendizaje, el juicio, el razonamiento y el lenguaje escrito y verbal.
Aptitud para el descubrimiento y la invención, capacidad para las tareas intelectuales, de observación e investigación. Es minucioso no abarca todo junto prefiere observar y analizar los detalles.
Su pensamiento organizado lo lleva a tener orden mental inalterable, con elevado y firme concepto moral y sentido de justicia. Defiende con resistencia sus ideas, cuando se encuentra frente a una contrariedad revela agresividad, inestabilidad o actitud crítica, punzante y mordaz.
Suaviza su actitud al tomar contacto directo con la realidad. Adaptando con sutileza su opinión y sus actitudes personales ante los otros. Manifiesta equilibrio en las distintas funciones psíquicas y orgánicas. Optimismo, apasionamiento, afectividad y confianza que le permite proyectar hacia el porvenir la búsqueda constante de nuevas expectativas.
La razón se impone al sentir. Evita que procesos sentimentales puedan perturbar la claridad de pensamiento. Pocas expectativas en sus vínculos afectivos; ecuanimidad y dominio de sus emociones y preferencias con variaciones poco frecuentes. Defensa y protección innata de su persona. ante el medio ambiente; pudor y moral. Tendencia introvertida debido a la inseguridad y desconfianza que le generan los vínculos externos. Conducta rígida, discreta, prudente, sobria y reservada.
Busca sentirse independiente. Elude el ambiente social. Su aislamiento le provoca dificultad para integrarse. Le cuesta entrar en contacto en forma espontánea y abierta a los nuevos ambientes. Establece vínculos afectivos solo con personas que son de su agrado. Cuando logra estar satisfecho en su círculo se comporta cordial y confiable en el otro. Sus relaciones tienden a ser estables debido a tener claro su propia realización y la de los demás. Sabe diferenciar las pertenencias, tiene claro el criterio, diáfano, sobre cada cosa. Personalidad modesta y sencilla; sensata en su proceder. Riqueza de vida interior. Sentimiento generoso y bondadoso; sencillez, fidelidad, amor a la verdad, esfuerzo y sacrificio, no acepta otro estilo de vivir.
Se caracteriza por su fuerte individualidad e imparcialidad, con escasa flexibilidad; exigente para consigo mismo y para con los demás. No acepta con facilidad los errores. Resistencia ante la frustración. Capacidad y compromiso profundo. Obra con el ejemplo y exige que  esta calidad también se extienda a la conducta de sus subordinados. Si esto no sucede aparta a estas personas por que no admite que se actúe de otras formas. Huye de lo extravagante y excesivo, renuente de todo lo confuso e indecente en el orden moral y afectivo. Reacio a las manifestaciones espectaculares, al exhibicionismo personal, a la charlatanería, a la actuación sin medida y sin reserva.
Rechaza a los de dudosa procedencia; es cauteloso al admitir  a otros en su círculo íntimo. Actitud de distinción y corrección en sus modales. Evita la crítica del medio ambiente. Buen gusto y cooperación. Medita siempre sobre la actitud correcta; desea ser bien visto evidenciando su contacto gentil, cortes, deferente, servicial, amable y amplio con el medio. Respeto por las normas sociales con sentido común.
Cuando se haya cómoda en el ambiente que lo rodea es una persona agradable, seductora, conciliadora, tiene elegancia para halagar la vanidad ajena y hacerse querer. Cautiva la voluntad y atención de los otros. Ingenio para conseguir su objetivo. Utiliza su tacto, habilidad de expresión y atractivo personal. Sutil e innovador para afrontar situaciones delicadas. Amante de la coexistencia pacífica. Evita las situaciones violentas. Se impone de una manera diplomática con claro sentido y amabilidad. Sin embargo, en el momento de la toma de decisiones se impone con fuerza, rapidez, firmeza, energía y decisión. Tiene valor de mando, de reacción inmediata y arriesgada.
Posee una innata actitud comercial, su situación de dinero, tiempo y esfuerzo son manejadas adecuadamente. Es un ser fiable. Independiente en su pensamiento sea o no compartido y libre de adaptación a las presiones y al pensar común de la gente.
El Gral. José Francisco de San Martín es ejemplo de dignidad humana.

PROF. AMELIA TORRES COURTADE

Desgrabación:  Chalo Agnelli


jueves, 8 de octubre de 2009

DESCRIPCION DE SARMIENTO POR WILDE


SARMIENTO  EN  UNA   CARTA   DE   EDUARDO WILDE


Veo que le han hecho una fiesta espléndida a la estatua de Sarmiento. Desgraciadamente, el original no sabrá nada de eso, habiéndose ido de este mundo cargado solamente con los denuestos, injurias y demás lindezas de sus detractores de treinta años.

Todas las biogra­fías son falsas porque contienen, no el retrato del biografiado, sino su copia en el cerebro y las pasiones del biógrafo. Generalmente, son demasiado elogiosas y pasan sobre los vicios o defectos sin mirarlos o atenuarlos, porque los autores no tienen por punto de mira el bien del sujeto en cuestión, sino su propia repu­tación literaria o de historiador. Y son tanto más defectuosas cuanto más cerca están de la época en que el héroe falleció por razón de bailarse vivos los parientes, los amigos y las enemigos. Así, todo cuanto dicen ahora de Sar­miento peca de inexacto en falla o en exceso inclusive el siguiente juicio:
Sarmiento no era propiamente un hombre de Estado, aun cuando tenía muchas  de las cualidades necesarias para serlo. Era irregular e instable en muchas de sus doctrinas; sus co­nocimientos no estaban sujetos a método algu­no y su instrucción parcial y a vetas, con estrecheces y expansiones no siempre expli­cables, adolecían de las deficiencias propias de la falta de disciplina universitaria.
Sus pa­siones bien acentuadas, como que se habían criado sueltas en las épocas de revolución, de odios y persecuciones, enfermaban a veces su juicio, y como éste correspondía a un cerebro poderoso que tenía dotaciones de genio, sus alejamientos de la verdad normal marcaban más bien saltos que pasos.
Su alma se aseme­jaba a un bosque de zona tórrida en el que no faltaran, a pesar de las leyes de la vegetación que excluyen los exotismos, plantas cultivadas de otros climas; y todo ello era abundante, vigoroso, semi confuso,  pero fecundo, potente y fertilizador.
Sarmiento no nació para ser entendido, sino sentido. Era un grito, no una palabra. Por eso pudo hacer lo que no fluía netamente de su estructura: enseñar métodos de educación sien­do el ser más antimetódico que haya existido, precisamente por cuanto so talento tenia vetas de genio y los genios no obedecen a los reglamentos.
Él enseñaba hasta lo que no sabía, porque lo evocaba y hacía nacer en su auditorio con su gesto, con una interjección.
Propiamente, las masas de ideas que pobla­ban la cabeza de Sarmiento no podían llamarse conocimientos, sabidurías; él no sabía nada, porque nada había aprendido; él había produ­cido por sí mismo su dotación de nociones, casi en la totalidad de su extensión, y procedía como los astros luminosos que no saben nada de la luz, pero la generan, la gestan — dispense el verbo — y la derraman a torrentes sobre los orbes.
Había en sus modos de discurrir algo del procedimiento de los preparadores de museo para con los huesos incompletos cuyos agujeros y fallas llenan con yeso, dando a la parte añadida contornos probables en el hueso natural, pero de pura suposición cuando faltan los mo­delos.
Así se manejaba Sarmiento ante las defi­ciencias de su información; su alta inteligencia llenaba los claros por intuición, por deducción, por analogía, por inducción, por ampliación, por invención finalmente.
A veces le ocurría inventar el hueso entero para completar el esqueleto, y el hueso resultaba ser de otro animal; o le solía salir largo, torcido, contrahecho, exagerado en un sentido o en otro, y la exageración, como se sabe, es uno de los casos de la mentira. Sarmiento, por esta  razón y una vez puesto en la corriente, men­tía pues, cuando venía a mano, en sus citas y en sus afirmaciones; y al recordar esto no ofendo al eminente amplificador, por haber dicho él mismo, en alguna parte, que los Sarmiento tenían fama de embusteros. Por lo de­más, casi todos los oradores de su tiempo participaban de esta socorrida ventaja.
Vélez inventaba autores y les atribuía pala­bras, frases y doctrinas que jamás produjeron. A veces la falsedad no era tan completa y sólo el presunto autor era el inventado, corres­pondiendo la doctrina, puesta al revés, a otro sujeto.
Esto podía hacerse antes con cierta impu­nidad; ahora sería ello peligroso por haber subido en las asambleas el nivel de erudición.
La verdad es que al oír discurrir a Sar­miento con aquella su abundancia de ideas, con el vivo colorido de sus frases, con la fir­meza de sus períodos, con la proliferación y tropical frondosidad del mundo de sus doctri­nas y principios, nadie sospechaba la deficien­cia de sus datos y las fallas en sus estudios y lecturas.
Hablando, parecía maestro en todo: en ciencias, en arte; en todas las ciencias y en todas las artes, hasta en las novísimas manifestaciones de la política, la economía y la ciencia social.
No obstante, un diagnosticador de los pro­cesos cerebrales en la formación de las ideas, juzgando fríamente, habría encontrado que parte del bagaje capitalizado era el producto de una singular y constitucional autogestación y por eso también, en el conjunto, habría notado enormes vacíos, pues en los conocimientos del hombre, las lagunas no alcanzan a llenarse sino por concurso de pensadores, por  maduración de las ideas a través de las generaciones.
Una fórmula puede ser entrevista por el genio que salta sobre los detalles y los antecedentes racionales, sin verlos ni sospechar­los...
La educación o, más bien, la instrucción pri­maria argentina le debe mucho, pero no se lo debe todo, como algunos pretenden. Le deberá tal vez lo principal y le debe, sobre todo, esto, para lo cual se necesitaba coraje y condiciones excepcionales: ¡el haberla puesto en moda! La moda,  la ley ineludible y poderosa que alcanza hasta a la muerte, a la cual Dickens, en una de sus frases eternas, llamaba "la moda de todos los tiempos”.



¿Por qué Avellaneda, habiendo sido un hombre de Estado tan eficiente y tan notable no tiene ahora, ya, también, su estatua a la par de la de este don Faustino, como él le llamaba cuando se las había con algunas de las genialidades de su Presidente?
Porque se sienten antes los efectos de una tormenta que los de una lluvia fina y continua.
Sarmiento llenaba la atmósfera de rayos, relámpagos y truenos. Avellaneda envolvía la tierra que pisaba en una nube; la empapaba, la penetraba, la abrigaba y la fecundaba. Su trabajo era lento y, por lo tanto, menos percep­tible. Pero, ¿quién podía dejar de oír a Sar­miento? El sello más indeleble de su persona psíquica era "la imposibilidad de pasar des­apercibido".
Donde él estaba había conflicto, gresca, pe­lea, batalla, terminando todo ello, en la ma­yoría de los casos, por un beneficio positivo para su país, por el establecimiento de una doctrina saludable, de una conquista en el camino de la civilización. Así, en todas partes, este hombre extraordinario resultaba "educan­do" por vías incalculadas y siendo él mismo ineducado e ineducable, o sea, para evitar malas interpretaciones, inmodelado e inmodelable.
Su estatura, su cuadratura — diré —; sus maneras, su voz, las acciones de sus manos, los movimientos resueltos de su cabeza, el tem­blor que esos sacudimientos imprimían a sus mejillas cuando la edad había aflojado la trama de sus carnes; sus facciones, su frente, su nariz chica, desproporcionada; su boca gruesa, expresiva; todo en él expresaba energía, reso­lución, firmeza. Su cara y la actitud de su cuerpo provocaban, desafiaban y transparentaban el deseo de ser agredido a su vez, y era la efigie del atleta que se prepara a la lucha. Había en su mirada, por mo­mentos, cierta ferocidad y en su aspecto, cuando iba a comenzar un discurso en el Senado, algo de animal antiguo y formidable; parecía que de las razas extinguidas se había levantado un representante antediluviano, y el que oía su oratoria no tenía tendencias a modificar su impresión, al medir las zonas, los espacios, y las épocas históricas que abarcaba, como si expusiera la gestión entera de la raza humana.
 El pueblo argentino es impresionable, como todos; pero tal vez en mayor grado y se deja seducir por las muestras de coraje, energía,  resolución, valor físico, en una palabra.
Él, a la par de todas las agrupaciones de los hombres, y salvo  diferencias pequeñas, tiene un culto irreflexivo por cuanto significa determinación para afrontar un peligro físico y, en general por toda tensión orgánica para ejecutar  sin vacilación algo positivo. Aclama y admira esas calidades, aun cuando se ejerzan en su daño y está dispuesto a creer en la superioridad de quien las posea.
Ese culto por el valor físico es instintivo y no racional, porque ante la alta inteligencia que toma los quilates de las calidades del hombre, el valor físico ocupa un lugar secundario; cualquiera lo tiene; la prueba es que todos están obligados a ser soldados, por la ley. Entre­tanto, cuan pocos hombres poseen el valor mo­ral de afrontar una responsabilidad cuando sus actos no son del agrado popular.
Sarmiento tenía los dos valores, pero la masa del pueblo lo aprecia por el primero y sabe muy poco del segundo. Esa misma masa, encabe­zada por gentes selectas a veces, lo ha com­batido y repudiado, principalmente en la me­trópoli, donde precede el pueblo a los hijos de las provincias, mientras viven, como el mar con los cuerpos extraños, todo su afán es echarlos a la orilla y encallarlos entre las toscas, mientras mantiene a flote los corchos porteños, livianos, salvo numerosas excepciones, y siempre airosos.

Dr. Eduardo Wilde
1889


ENTREVISTA A DON JUAN MANUEL DE ROSAS

París, agosto 14 de 1860.

Sr. Don Benjamín Vicuña Mackena


Fuente: "www.elhistoriador.com.ar"
Mi querido amigo:
Paseándome por el zaguán del hotel, hacía mi composición de lugar, cuando el portero, llamándome la atención hacia una figura de hombre, que, por su inmovilidad y adhesión a la esquina de enfrente, parecía un bajo relieve de la muralla, me dijo:
-¡Ese es el general Rosas!...

Los avispados muchachos de las escuelas que andaban por allí gozando de su asueto del domingo, se dirigían también unos a otros la citada frase del portero y agregaban, señalando el tren de paseo que teníamos a la puerta: "¡Esos son sus caballos!-. Estas mismas frases eran repetidas por todos los transeúntes; mi curiosidad no las desperdiciaba, pues servían como para familiarizarme anticipadamente con el objeto que luego iba a tocar.
Estaba yo como el niño que obligado a entrar en un cuarto a oscuras, hace alto a la puerta y se conforta y se anima con oír hablar por las vecindades.
Un paso más y me hallo en plenas tinieblas: Rosas estaba delante de mí.
-No esperaba yo respuesta tan elocuente de parte de V. E. díjele por saludo.
-No, nada de eso ... yo vivo aquí de cualquier modo - contestome.
El desprendimiento casi nativo de las etiquetas del poder se veía marcado en el tono con que Rosas profirió esta excusa; la indolencia acomodaticia del huaso, en los modales que la acompañaron, la presteza del que quiere despacharse de un asunto trivial, en el movimiento que hizo al quitarse el sombrero. -¿Qué tal lo pasa, V. E., con la vida de Inglaterra?
-Bien, paisano. A mí me va bien en todas partes, y particularmente con éstos de por acá, a quienes conozco mucho. ¡Treinta años en que no he hecho otra cosa que estudiar al hombre! ¡Y me precio de conocerlo! Así es que ahora estoy escribiendo tres obras, de las que me permitirá que le dé noticia.
-Nada me sería más agradable que enterarme de las meditaciones de V. E.
-Son tres obras y otras que llamo apuntes varios sobre la época de mi gobierno, para lo cual tengo tres cuartos llenos de papeles.
-Interesantísimo sería que esos apuntes llegasen a América y yo quisiera que fuesen a poder de los escritores de Chile.
(Me acordé en el acto del autor del Ostracismo de los Carreras y futuro comentador de las tristezas de O'Higgins).
-A cualquier parte, menos a Chile - respondiome. ¡Dios me libre! ¡Chile! ¡Chile! Me ha dejado abandonado en mi desgracia. Son unos ingratos todos los gobiernos de América, después que yo la he elevado tanto en el concepto de las naciones europeas. Esos gobiernos han permitido que se me confisquen mis bienes, "cuando yo no he confiscado los de nadie-. ¡Represalias!, dicen. Yo lo único que decreté fué embargos temporales, para mientras los emigrados se mantenían en estado de rebelión contra el gobierno. ¡Que yo he robado! ¡Falso, paisanos Ahí tengo los documentos de todo lo que se ha gastado en mi tiempo, casi todos ellos han sido otorgados por los mismos que están gritando contra mí en Buenos Aires. Día llegará que yo les pruebe que me acusan a mí por las sumas que ellos, y sólo ellos, han recibido. Mío propio y no de nadie es lo que confiscan. Con la amistad que Lord Palmerston me dispensa, bien podría yo, haciéndome súbdito inglés, imponer el respeto a mis derechos. No lo hago por consideraciones que creo deber al pabellón y al gobierno de mi patria, como quiera que se titule. Y como iba a decir a usted, tres son las obras que me ocupo en escribir: la una es sobre la "ley pública-.
-Sírvase V. E. explicarme qué es lo que apellida -ley pública-.
De la explicación llena de discordancias y de digresiones (aun estas mismas incoherentes) que me hizo Rosas vine a colegir que se propone escribir un libro de "derecho público", a cuya doctrina suscriban documentalmente todas las naciones, en precaución de la divergencia de opiniones que complican la expedición de los negocios y que le han quemado las pestañas al laborioso jefe de la cancillería de Palermo.
Distingue la ley pública de la ley individual (derecho civil) y se propone modificarla principalmente en la parte de derecho testamentario, cuyos principios, a juicio del ex gobernador, debieran ser dictados, antes que por los deberes del estado civil, por la libre espontaneidad de los afectos. Tratando de esta materia y no sé si con la mira de hacer referencia a la ley pública o a la ley individual (porque en una conversación con Rosas es imposible saber de lo que está hablando), agregó, como quien murmura para sí: "Eso que llaman derechos del hombre no engendra sino la tiranía". Ni sé cómo pasó a hablarme -puesto que lo oía sin interrumpirle de su predominio sobre los labradores ingleses. -Ningún inglés saca tanto del trabajo de los peones como yo de los míos ... ¿Por qué? Porque me ven que yo mismo cojo la azada para darles el ejemplo. Y vea estas manos, paisano, tóquelas... ¡Me pareció que iba a ser lastimado por las uñas del tigre!
-¿Cómo le parece a usted que paso yo todo el día? Así.. dispénseme. - Se quitó la levita y quedó en mangas de camisa.
-¿Por qué mis tropas andaban tan listas y me eran tan fieles? Tres gritos se daban antes de empezar un ataque.
Buscó en su memoria las frases que ya tenía en la boca a todo abrir...
-Era el primero: "¡Viva la Independencia Americana!-
Yo tuve que hacer un esfuerzo para no parapetarme detrás de la silla en que me hallaba sentado, cuando vi a Rosas empinarse para remedar el diapasón sostenido de su histórico primer grito; y que penetrarme de toda la realidad del momento, para no creer que veía un machete en aquellos brazos echados al aire y casi desnudos. ¡Aquí del mentor de Achiras y de su Telémaco! Quiroga estaba tras de ese fantasma, aparecido en un pestañar de mis ojos; dentro del fantasma debían hervir las furias evocadas de la mazorca. ¡Mi reino por un caballo!, parecía que dijera Rosas en esa transfiguración obrada por su fantasía. ¡Los devotos de cierta incurable de nuestro hospicio habrían de buena gana llamado al exorcista! (Alusión a una pretendida endemoniada). Como expelido el demonio por un cordonazo a traición, Rosas se calmó, se puso la levita, tomó asiento y omitió los otros dos gritos prometidos... se fué el caudillo gobernante, quedó otra vez el gaucho.
-Mi segunda obra es sobre la religión del hombre. Yo soy católico, en la religión apostólica romana, y no por ninguna otra razón sino porque mis padres lo han sido; y así opino que todas las religiones deben respetarse.
Al llegar a este punto de sus literarios trabajos, Rosas me refirió una anécdota de familia, ordenada a demostrar que es imprudente asustar a un enfermo con la presencia de los sacramentos. Y con tal motivo se lamentó de la inseguridad y mal gobierno de la medicina, pasando a hacer mención de su tercera obra, que versa sobre la ciencia médica. Ya bastaba de divagar y era preciso que me pusiese al corriente de sus actuales circunstancias domésticas.
-¿Y qué es de la vida de la señorita Manuelita?
-Me ha faltado; me ha dado un pesar.- se ha casado.
-Siento entonces haber traído el hecho a la memoria de V. E. Se servirá excusarme.
-No, nada de eso, estamos en la mejor armonía. "Máximo, le dije yo, dos condiciones pongo: la primera, que yo no asistiré a los desposorios; la segunda, que Manuelita no seguirá viviendo en mi casa". Y es así que están en Londres, de donde me escriben todas las semanas. No sé qué le dio a Manuelita por irse a casar a los treinta y seis años, después que me había prometido no hacerlo y hasta ahora lo había estado cumpliendo tan bien, por encima de mil dificultades. ¡Me ha dejado abandonado, solo mi alma! Y lo peor es que a ella también le han confiscado sus bienes propios. ¡Semejante rigor con una niña que no ha hecho otra cosa que labrarse el aprecio de todos y ser el encanto de los extranjeros! Muy mal estoy con los gabinetes de América. Ahora las potencias europeas están haciendo con ellos lo que se les antoja. No era así en mi época.
¡Ah! ¡Ah! Todo podrán decir de mí, pero nunca dirán: a Juan Manuel de Rosas le faltó energía. ¡Hasta el último la tuve, paisano! Gobernar treinta años... ¿quién, quién hace eso? ¿Por qué gritan contra mí? ¿Qué he hecho yo? Todo el bien que le he podido hacer a mi patria. ¿Qué hago? Estar resignado en mi desgracia y nada más. Yo no fumo, yo no bebo, yo no almuerzo, yo no como. Todo lo que tomo es una cenita a las diez de la noche, y para eso me la cocino yo con mis manos.
¿Puede darse mayor retiro y mayor prescindencia de todo? Yo podría disponer que la prensa de Inglaterra y de Francia tomasen mi defensa; no lo quiero, y así se lo he dicho a Lord Palmerston. Después de mis días se sabrá todo. He hecho mi testamento. A Lord Palmerston lo dejo por albacea y el encargo que guarde mis restos, unidos a los de mi esposa en Buenos Aires, en el panteón de Southampton, -oponiéndose absolutamente a que los extraiga el gobierno argentino, pues por allá los injuriarían". -
Al despedirse le rogué que me permitiese corresponder a su visita. Me dió su negativa, en lo mucha que me preconizó la inviolabilidad de su doméstico retiro y en la eficaz oferta que me hizo de volver repetidas veces a mi hotel, durante los días que yo hubiese de permanecer en Southampton.
No obstante, me creí obligado a ir tras de sus pasos a depositar mi tarjeta en el buzón de su vestíbulo.
Aquí tienes lo que me ha pasado con Rosas.
Tú, mejor que yo mismo, quizás deduzcas de esta entrevista, mirada a la distancia, un juicio aproximativo sobre Rosas.
Puede que adónde no alcanza el rumor de tas palabras llegue más claro su sentido.
De mí no sé decir, sino que aquel hombre desapareció de mi vista, como la visión de un sueño, o el reflejo de un celaje. ¡Es tan incomprensible y tan indefinido! Tú, que tienes las prácticas de las cosas históricas de América, ayúdame desde Lima a conocerlo.
¿Qué es Rosas? ¿Convienes en lo siguiente: que para la fisiología es un loco, para la historia un tirano; y para la predestinación puede ser lo que han sido Carlota Corday, Jacobo Clemente, el clérigo Merino y tantos otros instrumentos ciegos del crimen?
Esos nacieron para asesinar a un hombre; ¡puede que Rosas haya nacido para asesinar a un pueblo! Tal vez, ni abrigar sabe el rubor de su crimen, y quién sabe si a la hora de su muerte no dé la misma cuenta de la mazorca que de la San Bartolomé- dió el degollador Gaspar de Tavannes.
El confesor había ya oído, del moribundo, la confesión general de su vida, y ni una palabra siquiera en sus labios de la San Bartolomé. ¡Qué! ¿Nada me decís de la San Bartolomé? "La miro, respondió el Mariscal, como una acción meritoria en cuya virtud me han de ser perdonadas mis culpas..
Rosas es un malvado, venimos repitiendo todos. ¡Quién sabe si no habrá una voz que salga diciendo: Rosas es un misterio! En lo que si podemos convenir, desde luego, es en que se ha mostrado y aparece todavía no menos grande que Satanás. Bajo del pedestal de la gloria del uno como del de la gloria del otro, pueden escribirse, con igual justicia, estos versos de Voltaire:
"Le crime a ses héros, I'érreur a ses maftires. Du vraie zéle et du faux, vains juges que nous sommes Souvent des scélérats ressemblent aux grands hornmes…”

La tentación del hombre ha inmortalizado al uno hasta entregar su fama a la epopeya; la inmolación de un país inmortalizará al otro; hasta transmitirlo a las maldiciones sin fin de los siglos.
Si yo encontrase por ahí a Satanás, ¿cómo mi admiración no habría de querer contemplarlo?
El mismo deseo le manifesté a Rosas, se lo expuse en mi carta de Southmapton; su vanidad me halló razón y el juicio de todos no me la negará. Quedan, pues, justificadas mi carta y la entrevista a que dio lugar.
Salud, etc., etc.
Firmado: Salustio Cobo.


Carta de Salustio Cobo a Benjamín Vicuña Mackena, 14 de agosto de 1860, en Luis Franco, "El Otro Rosas", Buenos Aires, Reconstruir, 1964.
Citar Fuente: "www.elhistoriador.com.ar"

DON JUAN MANUEL DE ROSAS


La conferencia del Dr. Alberto Gelly Cantilo, sobre
"Juan Manuel de Rosas",
será en el Colegio de Abogados de Quilmes, 
Alvear 414, el proximo día 2 de diciembre a las 19 hs.


El 22 de Octubre de 2008 el Dr. Alberto Gelly Cantilo asumió la titularidad del Instituto Nacional de investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas

Se recomienda: www.tradiciongaucha.com.ar

lunes, 5 de octubre de 2009

EL PENSAMIENTO DE MARIANO MORENO

"La variación presente no debe limitarse a suplantar a los funcionarios públicos e imitar su corrupción y su indolencia. 
Es necesario destruir los abusos de la administración, desplegar una actividad que hasta ahora no se ha conocido, promover el remedio de los males que afligen al Estado, excitar y dirigir el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus enemigos y dar nueva vida a las provincias. 
Si el gobierno huye al trabajo; si sigue las huellas de sus predecesores, conservando la alianza con la corrupción y el desorden, hará traición a las justas esperanzas del pueblo y llegará a ser indigno de los altos destinos que se han encomendado en sus manos."

Mariano Moreno
en el discurso inaugural del 25 de mayo de 1810
al asumir la Secretaría de Guerra y Gobierno de la Primera Junta.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Educar, educar, educar...

Educar, educar, educar, escuchemos al Prócer...


(Sarmiento editaba en Chile una revista titulada “Monitor de la Educación”. El ministro de ese país, le cambió el nombre por “Monitor de las escuelas primarias”. Sarmiento le contestó):

“Señor: mi propósito es escribirlo para educar a Ministros, Diputados, Senadores y Doctores, porque de tanto como ustedes saben no saben que lo ignoran todo en este asunto. Las escuelas no se mejoran en la escuela sino en la opinión de los que gobiernan y legislan”.

“Siempre me interesó la divulgación científica como herramienta para superar el atraso. Estoy convencido de que el conocimiento debe democratizarse, pues para la producción de un país no basta que media docena de personas aventajadas conozcan y practiquen los mejores sistemas de labores. Sus productos, por grandes que sean, no alterarán la cifra general de la producción, (…). Hagamos escuelas, compatriotas. Edifiquemos toda la generación reciente. Entremos de lleno en la revolución que estamos preparando en vano desde hace tantos años. La educación daba al mayor numero se reproduce en mayores facultades reproductivas. La provincia es pobre, aumentemos el número de los que pueden aspirar a ser ricos. Conozco poquísimos hombres que no sepan leer y gastan reloj; y para llevar reloj se necesita poner a contribución toda la producción de la industria; muchas camisas, excelente calzado, tejidos de lana y seda, son los útiles necesarios para conservar armonía entre el reloj y la habitación, el porte y el vestido. ¿Trabajáis para vuestros hijos, decís? Sea en buenahora. ¿Pero qué habéis previsto para los hijos de vuestros hijos? ¿Quién dará seguridad de que los descendientes conservaran los bienes legados al morir, siendo que los que hoy poseen no están ciertos de conservarlos hasta la muerte? Pero os indicaré un medio de fundar una capellanía, un mayorazgo eterno para vuestra familia. Vedlo aquí: una escuela. Los hijos, los nietos, vendrán, pobres o ricos, a educarse; y una vez educados volverán a hacer lo que hacéis vosotros; trabajar con inteligencia y honradez hasta enriquecerse. Fundemos, pues, escuelas en cada barrio, en cada departamento, y que en cinco años se levante una nueva generación para la riqueza, para la moral porque es inteligente, y habremos centuplicado nuestras fuerzas. Mi plan de educación política tenderá a mejorar las condiciones sociales de la gran mayoría, por la educación y la mejor distribución de la tierra y por el mejor servicio del ejército y la marina, a fin de que los desvalidos empiecen a mirar al gobierno con menos prevención, pues sienten que el gobierno no es de ellos, (…), La condición social de los hombres depende muchas veces de circunstancias ajenas a la voluntad. Un padre pobre no puede ser responsable de la educación de sus hijos, pero la sociedad en masa tiene interés vital en asegurarse de que todos los individuos que han de venir con el tiempo a formar la Nación, hayan por la educación recibida en su infancia, preparándose suficientemente para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados”.
“Las escuelas son la democracia. Para tener paz en la República Argentina, para que los montoneros no se levanten, para que no haya vagos, es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñar a todos lo mismo, para que todos sean iguales (…), necesitamos hacer de toda la República una escuela. La educación ha de preparar a las naciones en masa para el uso de los derechos que hoy no pertenecen ya a tal o cual clase de la sociedad, sino simplemente a la condición de hombre”.

DFS.


Henri Stein, caricaturista del periódico “El Mosquito”, llamó a Sarmiento “El Hombre Orquesta”. Y claramente tenía razón. Sarmiento fue escritor, periodista, traductor, educador, militar, legislador, urbanista, lingüista, semiólogo, politólogo, estadista y, sobre todas las cosas, un visionario que comprendió la gran importancia que el avance científico y tecnológico tendría para la Argentina, al igual que sucedía en los países más progresistas de su época. Cometió muchos errores, pero es tal la magnitud de su aporte a la Nación, que es nuestra misión revalorizar aquellos, que nos han hecho una gran país, lleno de futuro e ilusiones, en miras a una nueva Celebración del Bicentenario de la Patria.

NHC de Estévez.*

viernes, 18 de septiembre de 2009

EL NACIMIENTO DEL LIBERTADOR.


A 231 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL LIBERTADOR.

ES TRADICION EN LOS ARGENTINOS CONMEMORAR LAS FECHAS DE LAS MUERTES DE NUESTROS PRÓCERES, QUE BUENO SERÍA COMENZAR A FESTEJAR LOS NACIMIENTOS QUE HICIERON POSIBLES SUS LEGADOS.

Fue un 25 de febrero de 1778, nació en un villorrio escondido en el Litoral del Virreinato del Río de la Plata. El pueblo se llama Yapeyú y el niño José Francisco, hijo de Juan de San Martín y de Gregoria Matorras. Ningún argentino ignora la dimensión que cobró este niño, este hombre para la América del Sud. Tan sólo este recuerdo nos revive su historial de grandeza.
Nació en un pueblito ignoto en la actual provincia de Corrientes, fueron sus padres dos españoles que lo educaron en su cultura y luego, imbuido él de los cambios en el pensamiento europeo de la época, se lanzó a las más arduas y enconadas batallas por la Libertad, la Igualdad y Fraternidad de los pueblos; en su caso, le tocó el de la tierra que lo vio nacer. Esa fue su obra y ese su genio; y desde esa medida se conoce al Padre de la Patria.
Hoy han surgido cronistas de la historia con la pretendida obsesión de adjudicar o agregar a algunos de nuestros próceres supuestos que nada tienen que ver con la obra que nos legaron. En el caso del Libertador se afirma que fue hijo extramatrimonial de Diego de Alvear (1749-1830) y de una natural guaraní de Corrientes. Se atienen para ello en las memorias que escribió una hija de Carlos de Alvear. Esta, Joaquina de Alvear (1823 – 1889) fue declarada loca por un juez de Rosario de Santa Fe y murió en un establecimiento psiquiátrico. Bien pudo en un rapto de megalomanía intentar mezclar su sangre con la del más grande de los argentinos; o lavarla, tal vez, pues su padre no siempre tuvo una actuación muy lucida o lúcida en la historia de la emancipación: primero por su traición a los principios, que tanto a él como al General San Martín, los había traído a América; deslealtad para con sus camaradas de la Logia Lautaro, y luego al intentar encadenar estas tierras al colonialismo inglés; contentando así a un grupúsculo de terratenientes y mercaderes que no veían con beneplácito el plan libertad de “el cholo ese”, como apodaban a San Martín; insulto más clasista que racista en su caso y no determinante de un origen. De Moreno pudieron deshacerse, con San Martín no alcanzaron su cometido.
No hubiera sido ninguna deshonra desde nuestro pensamiento del segundo milenio que el Libertador haya llevado la sangre de pueblos originarios de América, por el contrario, un lustre más en su haber, pero la afirmación que hacen estos cronistas de la historia cuando dicen “Es hora de saber quien fue”; en de un menoscabo que alarma. Los hombres se miden por sus obras, no por la cantidad de ramas que tenga su árbol genealógico, ni por ser chozno de un duque de dudosas hazañas o de un coronel que, con su obra, determinó su propios laureles y no los su descendencia.
Los hombres se miden por sus obras y el General José Francisco de San Martín y Matorras con sus luchas libertarias dejó a los sudamericanos, a los argentinos una identidad de país, nos dio Nación. Y esta obra define perfectamente quien fue.
Estos cronistas de la historia apoyan sus conclusiones en comentarios de lo que llaman “familias patricias”. ¿Por qué atenuantes el ser patricio determina un grado de certeza inapelable? ¿Qué es ser patricio? Si es haber dejado una impronta en el nacimiento, organización y constitución de una Nación, todos los que tuvimos abuelos trabajadores, intelectuales o no, humildes o de fortuna, religiosos de distintos credos, civiles o militares, con funciones públicas o tareas anónimas, pero que han dejado impronta y legado de vida en este suelo, con honor, verdad y honradez, pertenecemos a familias patricias.
Creo que quienes lanzan estos supuestos y otras posturas apócrifas intentan aportar vuelo a su propio currículum que nueva sustancia historiográfica a la Tradición de los argentinos.
Un 25 de febrero de 1778, a la benignidad del clima, a la exhuberancia del paisaje, a la imponencia del río Uruguay, que la acaricia desde 1626, a la calidad cultural de sus pueblos originarios, Yapeyú le sumó la gloria de haber sido la cuna del genio tutelar de los argentinos. Fueron sus padres don Juan de San Martín, administrador del pueblo y doña Gregoria Matorras, gente honrada, sin una vida rumbosa, no concurrían a la Corte, ni ostentaban en sus árboles genealógicos a grandes de España.
Padres son los que crían en el amor, los que acompañan en el crecimiento, los que alimentan y procuran lo imprescindible para enfrentar los avatares de la salud, los que educan en el honor y el respeto. En la niñez se forman los rasgos profundos de la personalidad. Considerando la conducta que manifestó el General San Martín durante toda su vida, no puede ponerse en duda que don Juan y doña Gregoria le dieron todas esas cosas, porque fueron sus padres; y, en el caso de haber una remota posibilidad, el General San Martín así quiso que fuera.


Chalo Agnelli, cronista; miembro de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Quilmes y de la Comisiòn de Bicentenario 1810-2010 – Quilmes.

viernes, 4 de septiembre de 2009

DE LA TORRE Y REPETTO:

LISANDRO DE LA TORRE Y NICOLÁS REPETTO:
HOMBRES DE MAYO Y ADALIDES DE LA REPÜBLICA SOCIAL
 Colaboración del Dr. Alfredo Leonardo Durante
Conferencia dada en el Colegio de Abogados de Quilmes el jueves 3 de setiembre de 2009 como parte de las actividades de la Comisión del Bicentenario 1810-2010 de Quilmes.




Como parábola de nuestra argentinidad -siempre oscilando desde las eternas ilusiones a las recurrentes frustraciones- algunos aspectos de las vidas, pasiones y muertes del liberal Lisandro de la Torre y del socialista Nicolás Repetto, candidatos de la Alianza Civil (por oposición a la que encabezaba el general Agustín P. Justo, prolongación natural del proyecto político de 1930) en las elecciones presidenciales del 8 de noviembre de 1931, pueden ser aleccionadores y, al mismo tiempo, reveladores de los males pretéritos y presentes, porque la historia no es lo que pasó sino lo que nos pasó. Consultemos –al respecto- a Benedetto Croce (“La historia como hazaña de la libertad”):

“...El conocimiento de la “situación actual”,..., se refiere al curso que la vida real ha seguido para llegar a este punto, y en cuanto así lo hace, es conocimiento histórico...”

“...;...todo juicio es juicio histórico, o historia, sin más...el hecho, sea cual fuere, que se juzga, es siempre un hecho histórico, un devenir, un proceso en curso, porque en el mundo de la realidad no se hallan ni se conciben hechos inmóviles...”

“...la moralidad misma, para realizarse prácticamente, se hace pasión, voluntad y utilidad, y piensa con el filósofo, plasma con el artista, trabaja con el agricultor y el obrero, engendra hijos, ejerce la política y la guerra,...”

“...La moralidad no es más que la lucha contra el mal; pues si el mal no existiera, la moral no tendría lugar ninguno. Y el mal es la continua insidia contra la unidad de la vida y, a la vez, contra la libertad espiritual; como el bien es el continuo restablecimiento y fortalecimiento de la verdad, y por lo mismo de la libertad...”

“...Que la historia es la historia de la libertad es dicho famoso de Hegel, repetido un tanto de oídas y divulgado...por...otros...Con diversa intención y diverso contenido se pronuncia aquí aquella frase, no para asignar a la historia el tema de verse formada por una libertad que antes no existía y algún día habrá de ser, sino para afirmar a la libertad como forjadora eterna de la historia, como sujeto mismo de la historia. Es, considerada como tal, por un lado, el principio explicativo del curso de la historia y, por otro, el ideal moral de la humanidad...”.


Dos arquetipos y dos –por lo menos dos- Argentinas, siempre incompatibles

Tan diferentes (abogado-liberal/médico-socialista) como iguales (austeros/severos/sinceros), representaron esas raras circunstancias e instancias históricas excepcionales que producen el encuentro simbiótico –y simbólico- entre la moral y la política.

Moral y política que, hasta el surgimiento del Partido Socialista (1896) y del Partido Demócrata Progresista (1914), estaban dominadas y administradas por la cultura católica (también, bajo la forma de moralina), como por los órdenes conservador (paternalismo fraudulento) y radical (populismo democrático), respectivamente.

Sus vidas –paralelas- y sus luchas –valientes, generosas- corrieron por sendas separadas pero ideológicamente afines: el liberalismo progresista y el socialismo democrático.

“...,...hombre político, de claro talento, de palabra concisa y de acento enérgico,...”, sobre Lisandro de la Torre, según la pintura perspicaz de Georges Clemenceau, quien habría agregado que estaba llamado a regir los destinos de nuestro país.

“...; dejó su consultorio de médico...,..., para buscar fuera de él, como su maestro, un remedio o siquiera un lenitivo a las grandes injusticias de un orden social opresivo o siquiera indiferente con los hombres útiles y humildes; se acercó a los centros obreros y a los sectores populares, para vulgarizar sus derechos, para hacer conocer a cada uno “lo que vale, lo que puede y lo que se le debe”, como querían Moreno, Rivadavia, Sarmiento, Echeverría, Alberdi;...”, en palabras de Alfredo Orgaz, al trazar una “Semblanza de Nicolás Repetto”.

Los dos se llaman “Nicolás”, dato éste poco conocido en relación a de la Torre y referido por uno (sino el mejor) de sus biógrafos, Bernardo González Arrili, quien señala que al pretender el padre del niño bautizarlo como “Lisandro”, se encontró con la firme oposición del cura, porque no figuraba en el santoral; el problema fue finalmente negociado: primero “Nicolás” y luego, “Lisandro”. Graciosa e ingeniosamente, González Arrili apunta que ese constituyó el “primer inconveniente con la Iglesia” del futuro Fiscal de la República.

Uno, de la Torre, había nacido en 1868 y Repetto, en 1871, año del efímero gobierno insurreccional -apoyado por obreros y soldados- de la Comuna de París.

Ambos participaron de la revolución de 1890, lo mismo que Alem, del Valle, Yrigoyen y Uriburu (este último, integrando una logia del ejército), aunque con diverso grado de compromiso. El prestigioso médico, Juan Bautista Justo, luego fundador del socialismo argentino, no acompañó políticamente, pero sí humanitariamente.

El 6 de septiembre de 1930 se produce el primer golpe de estado del siglo XX, durante el segundo período presidencial de Hipólito Yrigoyen, levantamiento que conlleva la creación fáctica –de lamentable larga vida, pues recién desaparecerá en 1983-del partido militar; que no nació de la nada: a comienzos del siglo XX, al calor del fascismo italiano y ligadas al pensamiento reaccionario de Maurras (creador de Acción Francesa, con equivalencias autóctonas en la Liga Patriótica Argentina y en la Alianza Libertadora Nacionalista. Luego vendría el turno de Tacuara, Guardia Restauradora Nacionalista y otras organizaciones), tomarán ímpetu las tendencias antiliberales, antisocialistas y antisemitas del nacionalismo católico, que oponía la consigna Dios, Patria y Hogar al lema de la Revolución Francesa Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Nuestros hombres –fieles al legado de Mayo, del Dogma Socialista y de la Constitución- estuvieron contestes en el repudio, más allá de sus cuestionamientos a los excesos del yrigoyenismo (intervenciones a las provincias; represiones de la Semana Trágica y de la Patagonia; etc.), propiciando el más estricto acatamiento de las reglas de juego republicanas y democráticas (votos sí, armas no).

Ya en 1923, Repetto había sentado la buena doctrina: “Aspiramos a dar al país una fuerza defensiva, proporcionada a nuestras necesidades y dotada de todos los medios necesarios para asegurar su eficiencia...Los socialistas estamos y hemos estado siempre contra los ejércitos desproporcionados...o infiltrados por la política. Son estas degeneraciones lo que designamos con el nombre de “militarismo”...”.

Pero tocará al eminente rosarino la peor parte del enfrentamiento, porque tuvo que dividir sus convicciones del afecto personal hacia el jefe de la sublevación.

Resulta conmovedor y altamente pedagógico –en términos éticos y políticos- el modo firme e inequívoco que utiliza para no confundir ni ser confundido, sobre todo ante la maledicencia difamatoria (con sabor amargo y en el Congreso, Nicolás Repetto –que también la sufrió- respondía: “al ingresar a la política, tiré mi honra a los perrros”), de sectores golpistas, conservadores, radicales, clericales (desde los púlpitos, de la Torre y Repetto fueron sistemáticamente demonizados) e inclusive del propio partido.

Al proclamarse la fórmula de la Alianza Civil (Teatro Coliseo, 13-9-31), dijo de la Torre: “...Nadie ignora mi amistad con el general Uriburu. En 1890 llegó a las puertas del Parque un subteniente de artillería sublevado y preguntó al centinela de la junta revolucionaria por uno de sus miembros; el subteniente...era el general Uriburu y el centinela...era yo. Adentro, en el hospital de sangre, um médico joven asistía a los heridos: el doctor Justo. Así nació una amistad que ninguna nube ha obscurecido en cuarenta años. En 1930 el general Uriburu, revolucionario por segunda vez, buscaba colaboradores y el primer civil a quien se dirigió para ofrecerle una cartera fui yo, ofrecimiento que jamás me había sido hecho por ningún gobernante ¡Qué desconsuelo sentí, al encontrarme en abierta y necesaria disidencia de criterio con el general Uriburu! El general desconfía de la capacidad del pueblo para gobernarse, no cree en la elevación moral de los hombres políticos y atribuye a las instituciones libres vicios orgánicos que las conducen a la demagogia. Yo creo exclusivamente en el gobierno de la opinión pública...”.

Tres días antes de la proclamación, se encontraron en una comida (donde no se habló de política) y de la Torre creyó que la asistencia de Uriburu no había sido casual, porque cuando aquél se levantó para retirarse, a la medianoche, éste le ofreció llevarlo en el automóvil oficial, circunstancia que lo impulsó a explicar y a justificar su rol opositor, “...pero sin atacarlo a Ud. personalmente”. Uriburu, “sonrió amablemente, contestando: “Le reconozco ese derecho...”. Después de algunos intercambios de pareceres e ideas y antes de descender en la última morada de la calle Esmeralda, de la Torre agregó: “Su malquerencia a la democracia lo ha perdido, general, y Ud se encuentra ahora frente a un dilema terrible: o el sometimiento inmediato a los círculos que lo envuelven, o la tragedia dentro de tres meses...”.

Durante la campaña, Nicolás Repetto había destacado de su ilustre compañero: “...la situación de ánimo de un estadista de mente equilibrada, prudente y patriota de verdad, que prefiere ser impuesto por el voto consciente y libre de la parte más esclarecida del pueblo a recomendarse a sí mismo para el gobierno”.

Finalmente, el previsible triunfo electoral de la concordancia (que además de fuerzas regresivas, integraban los socialistas independientes –la segunda de las muchas escisiones del viejo y glorioso partido de Juan B. Justo- de Antonio de Tomaso, Federico Pinedo y otros brillantes intelectuales) derivó en la década infame, signada –entre varias calamidades- por el fraude, la corrupción, los asesinatos del diputado provincial socialista de Córdoba, José Guevara (1933) y del senador nacional electo demócrata progresista por Santa Fe, Enzo Bordabehere (1935), en pleno recinto; hecho este último que –a mi juicio- fue uno de los factores anímicos determinantes del suicidio del solitario de Pinas, en 1939 (la misma decisión trágica que, por diversos e insondables motivos, adoptaron distinguidos exponentes de la literatura rioplatense: Horacio Quiroga, 1937; Alfonsina Storni y Leopoldo Lugones, 1938).

Una plataforma para el progreso social

Bregando “por una grande Argentina, civilizada y justa, económicamente próspera y políticamente libre”, slogan que el peronismo estamparía en la Constitución de 1949, se concertó un programa de profundo sentido transformador, cuyos principales ejes fueron:

I) Política General

1º.- “...Derechos políticos para la mujer...”
3º.- Reforma constitucional, “....para acentuar su contenido democrático y liberal y realizar, entre otros, los siguientes fines:...a) Afianzar la autonomía del Congreso...;d) Régimen municipal electivo y autónomo...; f)....referéndum...” e “iniciativa populares; g) Separación de la Iglesia del Estado, Neutralidad del Estado en materia religiosa...”...

V) Problemas del campo...

18ª.- División del latifundio por la acción del impuesto y por la expropiación .

19º.- Concesión de tierra y crédito a los hombres capaces de formar y fomentar la chacra-hogar.

20º.- Organización y fomento del crédito y de la cooperación agrícolas, del servicio de elevadores de granos y del seguro agrícola integral...

VI) Legislación del Trabajo

25º.- Aplicación estricta de las leyes obreras...Tribunales del trabajo.
26º.- Jurisdicción nacional de la legislación obrera.

27º.- Reconocimiento legal de las asociaciones gremiales de trabajadores.

28º.- Creación de comités arbitrales de patrones y obreros para resolver las diferencias...

29º.- Ratificación de las convenciones sancionadas por las conferencias internacionales...

VII) Salario Mínimo...

VIII) Previsión social

32º.- Seguro nacional de enfermedad, invalidez y desocupación. Pensión a la vejez.

33º.- Vacaciones pagas para obreros y empleados.

34º Indemnización según años de servicios a los empleados de comercio despedidos sin causa...

IX) Servicio y Gastos Militares

36º.- Reducción...

XI) Instrucción Pública

39º.- Enseñanza gratuita, laica y obligatoria.

40º.- Para combatir el analfabetismo, aplicación preferente de los recursos del Estado a la Instrucción primaria y creación de escuelas en todo lugar donde haya veinte o más niños...

41º.- Escuela gratuita para adultos. Educación técnica.

XII) Régimen Universitario...

43º.- Ley que garantice la autonomía y el gobierno democrático de las Universidades y amplíe su función científica y social.

XIII) Legislación Civil

44º.- Ley de divorcio absoluto.


Razones de la derrota

Los detentadores y factores del poder político, militar, económico y religioso coincidieron en la defensa extrema del orden por ellos establecido (establishment). Por ejemplo, el episcopado prohibió a cualquier católico militante votar por partidos que en su plataforma contuvieran programas de laicismo escolar, divorcio vincular y separación de la Iglesia del Estado...

Razones de la esperanza

Lisandro de la Torre no pudo soportar tanta corrupción, estulticia e ignominia.

Nicolás Repetto, sí.

Sin embargo, cada quien a su manera (uno, inmolándose y el otro, resistiendo hasta los 94 años), supieron enfrentar los males de su época –que, penoso es reconocerlo, subsisten- y dejar las postas, luminosas, enhiestas e inmaculadas, para nosotros (que fuimos incapaces de plasmarlas) y para los que vengan detrás (seguramente, capaces de lograrlo)

Algunas propuestas triunfaron. Las más importantes, que planteaban la imperiosa necesidad de adecentar las prácticas cívicas y de plasmar una sociedad justa, permanecen incumplidas.

Quien repetía, en el fragor del debate de las carnes,, las palabras del Dr. Stockman (personaje central del drama de Ibsen, “Un enemigo del pueblo”): “...El hombre más fuerte es el que está más sólo...”, también estaba seguro de que él no llegaría “pero sí la juventud, si persevera y estudia” (como se lee en su monumento de Diagonal Norte y Esmeralda).

Y, en sintonía, Nicolás Repetto formulaba su propia demanda: “En horas de aparente incertidumbre, muchos se preguntan ¿qué hacer? Son los que se dejan impresionar por los acontecimientos y se entregan pronto a la inacción ¿Qué decir a la juventud en tales momentos? Que el país necesita un movimiento de renovación política enderezado a dignificar la actividad cívica, a quitarle el carácter de lucha destructiva que tiene hoy, para transformarla en la fecunda emulación de fuerzas sanas y de evidente función histórica, que conviven y trabajan, dentro de una adecuada tolerancia, en la solución de los grandes problemas nacionales”.